Sobre el prado verde, renace el ambiente vital que alberga a todos los seres que la rodean para emanar de sus cenizas, regresar de su letargo y dibujar una pintura única y original: la pintura de la existencia. Precisamente, de ésta pintura, es de donde quiero dejar de pertenecer. Tú no tienes la culpa, yo no tengo la culpa de esta desilución. La culpa es del destino que se ha ensañado en derrumbar los castillos que he formado. Cimientos de un palacio que eran indestructibles como las rocas y se han transformado en construcciones de arena y sal.
Sobre el prado verde danzan un baile sin fin los animales y los aromas del campo, los perfumes más bellos de los que se tenga recuerdo: las fragancias de las madreselvas, los espliegos y los liliums, refrescan las planicies, otrora desoladas en el invierno de los sueños. ¡Ah!, sueños, sueños, ¿qué cosa son los sueños sino el reflejo de los deseos del hombre? Aunque por desgracia algunos de esos deseos son tan inalcanzables, tan ficticios, tan inasequibles, que de a poco van convirtiendo dichos sueños en pesadillas tales, que traspasan la barrera de la mente, para transformar la vida tangible en una deneznable realidad.
Sobre el prado verde descansan ya los restos inertes de un hombre que tenía toda una vida por delante; una vida colmada de metas, exitos y placeres. Por desgracia dentro de todos esos planes no se encontraba ella, su amada, la dueña de sus desvelos, la niña de sus ojos, la musa de su vida. Aquella que se escapó con los silencios del invierno y que esperaba, regresara con la ventisca de la primavera. Aquella que cerró sus ojos una tarde de diciembre, mientras exhalaba el suspiro postrero después de aquel aciago instante en que esos proyectiles a travesaron su cuerpo e hicieron jirones su espíritu e ilusión.
Sobre el prado verde, yace pues, ese hombre al que la vida le arrebató el amor de su vida y con ella la esperanza. El silencio inunda el verde valle, todo se ha quedado en silencio. Los animales y las flores, ya no danzan en frenesí. Todos están de luto, todos están en impasse, todos están velando el descanso de éste joven, que se durmió en el sueño de la muerte. Veo todo desde otra perspectiva; me encuentro ya en la metamorfósis del ser, esperando reencontrarme con mi amada para sujetarla del brazo y peregrinar yuxtapuestos etrnamente por el sendero de la pasión.
Mikel Arquette i Garuz
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